 Naturaleza y desarrollo: sin
visos de reconciliación
Ambientalistas han asumido
oposición a ultranza ante proyectos. En 2008 más de 40 obras fueron cerradas o
recibieron medidas cautelares por incumplir leyes
larepublica.net El 25 de
agosto de 2005, después de varios años de mantener una férrea oposición, los
pobladores de Turrialba decidieron rechazar un proyecto hidroeléctrico y
comunicarlo así al país.
Un plebiscito convocado en ese
cantón cartaginés se trajo al suelo la propuesta que planteaba el Instituto
Costarricense de Electricidad (ICE), para construir el Proyecto Hidroeléctrico
Pacuare. Las manifestaciones fueron encabezadas por activistas de varias
organizaciones, entre ellas la Fundación Salvemos al Río Pacuare. Empezaba
entonces una nueva etapa de la confrontación entre desarrolladores y
ambientalistas.
La decisión de los
turrialbeños provocó un déficit de generación eléctrica que hoy debe cubrirse
con plantas a base de combustible fósil y supera los 300 megavatios. Ese es
precisamente el sustento de las recientes solicitudes planteadas por el ICE
ante la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep), para aumentar
las tarifas eléctricas.
Por supuesto que algunos
nostálgicos recuerdan que el origen de las disputas ambientales, o al menos
justificadas bajo ese alero se remonta a 1970, con las demostraciones populares
en contra del otorgamiento de unas 30 mil hectáreas de terreno, en el sur del
país, a la Aluminum Company of America (Alcoa). Pero el activismo ambientalista
tomó casi 30 años más para definirse y popularizarse, y curiosamente se
consolida en este gobierno que hoy incluye a varios líderes de esa gesta que
echó por tierra la intención de extraer aluminio en el país.
Y tras varias décadas de
aquella historia, de nuevo un metal desata la polémica, esta vez el oro. La
explotación de 191 hectáreas en Crucitas de Cutris en la Zona Norte, hace que
aparezcan argumentos a ambos lados de una confusa balanza, en la que grupos
ambientalistas ponen de un lado un supuesto peligro de extinción de las lapas
verdes, que anidan en los árboles que se deben talar para el plan.
En el otro extremo, en
Industrias Infinito, S.A. sostienen que el Ministro de Ambiente, Energía y
Telecomunicaciones (Minaet), le otorgó el permiso de explotación y
adicionalmente aseguran que para poner la mina a funcionar harán una inversión
cercana a $100 millones en mejoras para el pueblo que los alberga.
Ni el impulso presidencial al
proyecto pudo impedir que Crucitas siga detenido en la etapa de construcción de
los tajos que permitirían la extracción del subsuelo. La acogida de recursos de
amparo interpuestos por activistas ambientales contra la tala de árboles de
almendro, tiene a la empresa minera en ascuas a pesar de que aseguran tener
todo bien planificado y con los argumentos suficientes para rebatir a los
detractores.
Actualmente más de 50 mil
costarricenses figuran como miembros de las más de 500 organizaciones
ambientalistas, formadas legalmente en el país.
Precisamente uno de estos
activistas, Lorenzo Cambronero, interpuso el 18 de diciembre pasado el décimo
recurso de amparo contra la explotación minera en Crucitas. Cambronero es
además, el presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (Unag).
“Estamos hablando de un
proyecto de desarrollo para la zona, que fue planteado desde 1997, y del cual
los ambientalistas tardaron diez años en enterarse; esto ha derivado en una
discusión de forma, cuando lo que deberíamos estar discutiendo es cuál debería
ser el desarrollo que pretendemos los costarricenses”, afirmó José Andrés Soto,
vocero de Industrias Infinito.
Si el frente de lucha de los
grupos defensores del ambiente se enfoca contra la minería, la suerte de
Infinito podría ser la misma que aguarda a las 14 peticiones distribuidas en
varias zonas, para explorar el subsuelo nacional en busca de minerales
metálicos, acumuladas en la Dirección de Geología y Minas del Minaet.
Esas 14 son solo parte de un
total de 203 solicitudes para explorar o explotar algún yacimiento minero en
suelo costarricense, recibidas en tres meses una vez que en julio pasado
finalizó una moratoria minera, impuesta por el gobierno de Abel Pacheco en
2002.
“La experiencia nos dice que
todos los permisos que pasamos a Setena para su evaluación, son aprobados… no
vemos por qué no se iban a aprobar los que están en estudio”, agregó Marlene
Salazar, subdirectora de Geología y Minas.
Serán nuevas faenas para
decenas de grupos ambientalistas que poco a poco lograron tomar relevancia en
los medios de comunicación, alimentados por estructuras pro ambiente que se
dibujaron a la sombra de ONG foráneas casi siempre con mucho mayor trayectoria.
La dimensión de los posibles
beneficios de nuevos desarrollos ha sido otro punto de discordia entre las
partes y como en muchas ocasiones, los planes no se han concretado ya que la
verdadera medición es incierta.
En el mencionado caso de la
represa del Pacuare, los líderes turrialbeños restaron relevancia a los
posibles beneficios para la zona aludiendo al proyecto similar construido por
el ICE en Angostura.
Los argumentos de los vecinos
se fundamentaron, y mantienen al día de hoy, en la experiencia vivida con la
construcción de la Planta Hidroeléctrica Angostura, la cual entró en
funcionamiento en 2000.
“El ICE dijo que generaría
unos 1.800 empleos, pero nunca dijo que eran temporales. Ahora, los que
trabajan aquí son como 40”, sostuvo Eugenio Guido, de la Federación
Costarricense para la Defensa de la Naturaleza (Fecon), una organización
ambiental con mucha fuerza.
En el caso de Crucitas la
polémica es atizada por la diferencia de criterios entre los propulsores de la
mina, y una serie de expertos de las áreas de biología e ingeniería forestal,
quienes disputan la validez de los argumentos sobre el anidamiento o
alimentación de las lapas, en la zona donde se autorizó la tala.
“Para nadie es un secreto que
ante la imposibilidad de sacar adelante los proyectos hidroeléctricos, tenemos
que generar la electricidad que consumen todos los costarricenses, por la vía
térmica. Eso es algo que tienen que tener en cuenta todas las personas; desde
los señores diputados y diputadas y los funcionarios que laboran en oficinas
contraloras y reguladoras, hasta quienes se oponen al desarrollo, por aparentes
motivos ambientales”, aseguró Pedro Pablo Quirós, presidente del Instituto
Costarricense de Electricidad (ICE), para respaldar su preocupación.
En tanto, sectores como el
industrial, el alimenticio y los exportadores, han lanzado duras críticas al
problema y la inseguridad que eso provoca.
“Quienes tenemos sobre los
hombros la responsabilidad de producir, no deberíamos estar pagando por la
falta de previsión de quienes están llamados a proveer los mínimos insumos que
son requeridos. Una de las áreas que demandan acciones inmediatas por parte del
Gobierno, es la de energía”, sostuvo Tomás Pozuelo, presidente de la Cámara
Costarricense de la Industria Alimentaria (Cacia).
Pero si bien la minería y el
desarrollo de proyectos hidroeléctricos han sido fuente de polémica entre los
sectores ambientales y empresas o instituciones de gobierno, el desarrollo
inmobiliario también acaparó la palestra nacional.
Dentro de esta temática, han quedado al descubierto
carencias de parte de instituciones llamadas a garantizar el desarrollo. El
trabajo de la Setena ha dejado huecos visibles en la entrega de viabilidades
ambientales, a proyectos que posteriormente fueron detenidos.
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