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“Pero su nombre
continúa, sigue,
como nosotros, esperando
el día en que este asunto, y otros muchos,
se den por terminados”.
En memoria de Oscar,
Jaime, María del Mar y David
Un diciembre del año
94 supe la noticia de la muerte de Oscar, María del Mar y Jaime. Fenecieron
en un incendio de una casa en Guadalupe, las pesquisas emprendidas en
virtud del esclarecimiento de los hechos no fueron satisfactorias, según
el Organismo de Investigación Judicial la causa de sus muertes nunca
se supo. Al menos esa fue la conclusión a la que arribó cómodamente
dicha institución antes de cerrar definitivamente el expediente. No
se trataba de muertes comunes, la Asociación Ecologista Costarricense
(AECO) se había venido consolidando como una fuerza disidente. Alrededor
de AECO se aglutinaban organizaciones y sectores comprometidos con la
defensa de los recursos naturales, hecho que necesariamente obliga a
tomar posiciones en contra de los procesos de apertura que se habían
venido propiciando desde la aceptación de los Programas de Ajuste Estructural
(PAEs). Faltan a la verdad y al respeto por la historia quienes aducen
que la actividad ecologista surgida en el país en la segunda mitad
de la década de los 80s aparece como refugio de comunistas expulsados
por los eventos de crisis descendientes de lo que se denominó la caída
del socialismo histórico.
El ecologismo, como
una vez lo delimitó Oscar Fallas, nunca se constituyó como eje
transversal del trabajo político que emprendían los países abanderados
del socialismo. Nunca fue directriz de partido. Los mal llamados socialistas
de esa época fueron tan contaminadores y depredadores ambientales como
los mismos capitalistas. Es diferente, desde todo punto de vista, pensar
que lo que ocurrió fue un despertar de una sensibilidad sustentada
en la amenaza que representaba el deterioro ambiental. Por ello el ecologismo
no solo convocaba, y toda vía así sucede, a militantes de izquierda
sino a los sectores progresistas e incluso conservadores de cierta estirpe
que miran en la devastación de los recursos naturales un peligro no
solo de economía nacional sino de amenaza directa a las posibilidades
de existencia humana y de la biodiversidad. El ecologismo así entendido
no puede ni ha sido un instrumento para hacer política de propiedad
exclusiva de la o las izquierdas.
Como sensibilidad el
ecologismo “Supone una comprensión de las causas económicas,
sociales y culturales que han llevado a la crisis ecológica global.
Promueve la innovación social y protagonismo cívico. Critica los viejos
enfoques y adversa los desgastados modelos o estilos de desarrollo y
su negativo impacto ambiental. Se plantea el reto de tejer y construir
un reencuentro con la naturaleza, desarrollar racionales modelos de
producción, consumo y gestión cultural, lo anterior dentro de un marco
que promueva la conservación sostenida de los recursos y el mejoramiento
de la calidad de vida, del hombre y de todas las especies”. (Fallas
1993).
A la luz de este enfoque
el trabajo de AECO consistía en construir y reparar tejido social,
el que destruía la promoción del individualismo y la deshumanización
proveniente de los denominados procesos de apertura. Al mismo tiempo
la acción de AECO fue pionera en mostrar la sutil y camuflada
conexión existente entre dichos procesos de apertura y la repercusión
de los mismos de cara a los impactos sociales, económicos, culturales
y ambientales, tal como lo sugería Oscar en la cita expuesta. Eran
los años en que se comenzaban a sentir con vigor los efectos mutiladores
de los Programas de Ajuste Estructural, los años del florecimiento
de la globalización y también los años en que abre sus ojos la voraz
bestia del neoliberalismo. En otras palabras, la sociedad costarricense
arrastrada por las promesas alucinantes del libre mercado estaba siendo
empujada al abismo de la fragmentación social y el consumismo.
Costa Rica, que más da, imposibilitada para poder competir en los procesos
productivos que se generaban en los países que sí están capacitados
para ello, debía responder con lo que cuenta, esto es su riqueza natural.
Para la clase política-empresarial en emergencia las oportunidades
de enriquecimiento ilimitado, mediante la instalación de megaproyectos
y atracción de inversión extranjera interesada en la explotación
de los recursos naturales, les hacía pensar en la añorada panacea
por fin al alcance de sus manos.
En torno a este entramado
de hechos se sospechan componendas y confabulaciones siniestras entre
la Stone Forestal, o sus pares, y el gobierno de Figueres Olsen, que
incurre en el pecado, sea de acción o de complicidad por omisión.
Lo cierto es que AECO cobraba fuerza debido a su legitimidad y a su
modo de operar. El peligro de la difusión de sus ideas y métodos de
trabajo se convertía en razón de amenaza para inversionistas y para
los políticos-empresarios. Con la y los mártires de AECO comienza
en nuestro país una historia de registro de amenazas a líderes y activistas
del ecologismo, que se ha venido incrementando cuanto más se acentúan
los dichosos procesos de apertura y de puesta en marcha de políticas
neoliberales. Se abren las páginas del libro negro del ecologismo
cuyos capítulos lamentablemente no se acaban de escribir.
Después de cerrado
el caso de los ecologistas abatidos el gobierno enmudeció. Surge luego
un modo oficial de promover el discurso ecológico, visibilizando los
encargos de conservación del MINAE, ahora MINAET, creando nuevas instituciones
y atribuyendo funciones de protección ambiental a instancias y departamentos
pertinentes. Se realza el afamado discurso del “Desarrollo Sostenible”,
concepto importado también por el gobierno de Figueres Olsen. Se impulsan
con mayor brío y nuevas legislaciones políticas ambientales destinadas,
de algún modo, a contrarrestar el protagonismo del ecologismo disidente.
Al calor de este escenario emergen en el país diversos grupos, asociaciones
y fundaciones destinadas, según el espíritu de los tiempos, a difundir
y promocionar la protección de la Naturaleza y el ambiente. Surgen
tantas como las mismas directrices político-ideológicas que motivan
su creación. De igual modo aparecen múltiples prácticas de trabajo
y metodologías de incidencia. Sin embargo, en el amplio abanico
de posibilidades de hacer ecologismo no toda organización está en
función de sus supuestos objetivos.
La actividad ecologista
también comienza a perfilarse como un negocio fructífero y providencial
para más de una de las tantas organizaciones existentes. La crisis
ecológica global permite la captación relativamente fácil de dinero.
En este festival de manos extendidas no todos participan con buenas
intenciones. Por eso, otras tantas organizaciones sirven como instrumento
para legitimar procesos del llamado “desarrollo” concebido al calor
de la lógica del crecimiento económico valiéndose de la cooperación
internacional. Valga decir, a estas alturas implica un trabajo titánico
desenmascarar los cuantiosos discursos de actores comprometidos con
los valores contenidos en las formulas impuestas del capital transnacional.
En consecuencia la gama de posibilidades de caminar con la marcha ecologista
demanda un esfuerzo de conciencia en términos de conocer las tendencias
políticas del mundo y del país y ligar todo esto con la búsqueda
de iniciativas de acción y gestión local. De nuevo Oscar Fallas y
la AECO, en este sentido, disparaban con puntería de arquero en lo
referente al modo de hacer trabajo ecologista.
Hoy por hoy, no
olvidar es la consigna. A 15 años de la muerte de Oscar, María
del Mar, Jaime y David, este último aparecido muerto solo unos meses
después de los primeros en las inmediaciones de San José, deben exigirse
y propiciarse procesos de reparación psicosocial. El silencio que hasta
hoy permanece ya resulta estridente y a veces se transforma en miedo
y atisbos paranoides, cuando recaen sobre algunos la amenaza y la persecución.
Por la muerte de los ecologistas no se han señalado sospechosos ni
mucho menos culpables. No se han implementado procesos de resarcimiento
para nadie, los gobiernos de turno no han reconocido las causas inciertas
del incendio de la casa donde murieron. Por el contrario, desde entonces
no solo acusan de recibo indiferencia sino que proceden con las
mismas estrategias de poner en venta los recursos naturales del país.
La desilusión, la desesperanza, la desesperación o la impotencia solo
son comparables con la motivación de velar por la defensa de Natura
a la cual los y la mártir del 94 consagraron sus vidas. Frente a la
embestida de los gobiernos neoliberales no es posible el perdón ni
la reconciliación. Por la construcción de una memoria ambientalista
en nuestro país el gobierno saliente y el que viene debe y tiene que
condenar los hechos del 94 y con ello reconocer la situación de persecución
contra personas dedicadas al ecologismo en nuestro país. Además legislar
y facilitar espacios en función de reivindicar y legitimar procesos
de participación ciudadana en materia de defensa del ambiente.
En vez de esto, hoy
sucede que quienes se avocan a la práctica del ecologismo real con
el cual Oscar, Jaime, María del Mar y David fueron a la tumba y que
cuestiona el modelo de desarrollo vigente siguen siendo perseguidos,
con la misma frecuencia con que se siguen haciendo los negocios en los
cuales se sacrifica a la Naturaleza a cambio de dinero para unos cuantos.
Los conflictos socio-ambientales en vez de disminuir aumentan. A la
construcción del astillero en el Golfo Dulce le sucedieron muchos otros:
granjas atuneras, plantaciones de piña, minería a cielo abierto, meloneras,
naranjales y demás monocultivos, Sardinal y la lucha por la defensa
del agua, construcción de represas hidroeléctricas etc. Con los ataques
a todas estas luchas, por acción u omisión la institucionalidad costarricense
niega la memoria, pero en cambio el espíritu de Oscar, Jaime, María
del Mar y David resuenan como cantos de esperanza que avivan los anhelos
de lucha popular. Conforme se acerca este 7 de diciembre del 2009
más nos acercamos a aquel mismo 7 diciembre de 1994. Yo conversaba
con Jaime de forma ocasional, su casa era una biblioteca, fue prolífico
leyendo, dejó sin terminar un libro titulado “Dialéctica de la Esperanza”.
¡Inolvidables compañeros sepan que escuchamos sus palabras y profesamos
sus ideas!
Juan Félix Castro
Soto
Funcionario de la Pastoral
Social de la Diócesis de Tilarán-Liberia
Cédula: 2-408-068
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