La Zompopa por Alicia Casas Mora.
La marina de Puerto Viejo, o mejor dicho, la Marina de inversionistas
y millonarios que se pretenden instalar en lo que hoy es Puerto Viejo,
ha suscitado lo que a los activistas comunitarios y ecologistas nos
encanta: mucha gente organizada con ganas de hacer campaña de
resistencia.
Y es que Puerto Viejo y el Caribe sur han estado dando la batalla por
su propio modelo de desarrollo desde siglos inmemoriales; los Bri Bris
abrieron el camino.
Para no irnos tan lejos, Talamanca fue zona de concesión petrolera, y
su gobierno local en 1999 fue de los primeros, al mismo tiempo que el
gobierno local del caribe nicaragüense, en declarar a su municipio
Libre de Actividades Petroleras. Y es que en el criterio de la mayoría
de los talamanqueños, tanto la petrolera, como la minera, la bananera,
la maderera y la Marina, son megaproyectos de afuera, totalmente
incompatible con lo que a Talamanca le gusta hacer: conservar el bosque
y los corales y vivir de la tierra, de los visitantes que vienen a
apreciar la naturaleza, no a destruirla con sus grandes yates, sus
torres petroleras, sus minas de oro o sus monocultivos intoxicantes. El
argumento más poderoso que han utilizado todo este tiempo es que tienen
derecho a su propio modelo de desarrollo, el cual ya existe y depende
de la conservación de los ecosistemas, la fuente de bienestar
cotidiano.
Algunas actividades no sustentables se desarrollan en la zona, porque
la realidad no es perfecta, pero el alto grado de conciencia ecológica
de los distintos sectores del Caribe Sur los ha convertido en
ciudadanos ejemplares para la sustentabilidad del siglo XXI. Incluso el
TLC fue rechazado por un 84% de la población el 7 de octubre del año
pasado.
Por esto vemos con alegría cómo vuelven a la carga los habitantes de
Talamanca, se organizan por todas las vías posibles, estudiando los
EIAs que se han presentado en Setena, informando a la gente sobre los
impactos de este megaproyecto , distribuyendo información y
desarrollando trabajo de hormiga, como lo han aprendido en sus
experiencias de resistencia ancestrales y contemporáneas. Cuando se
derrotaron a nivel local el proyecto petrolero y el TLC, los
Talamanqueños supieron que otro mundo es posible, que otro municipio es
posible. El espíritu de Pablo Presbere, Antonio Saldaña y Adela Pita
no los ha abandonado. Los inversionistas y millonarios que tanto
quieren la Marina tendrán que sentarse a ver la película en la que los
Talamanqueños son las estrellas.
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