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Fracción del PAC se divide y la mitad más bien apoya el proyecto.
Vinicio Chacón en Semanario Universidad El hecho de que se estudie
el impacto ambiental luego de otorgada la concesión para construir una marina,
así como ampliar el periodo de dicha concesión, son algunos de los argumentos
que esgrimen los opositores a la reforma a la Ley de Marinas y Atracaderos
Turísticos.
El proyecto "Ley de simplificación de trámites y creación de
incentivos en atracaderos y marinas turísticas" ya fue dictaminado en
Comisión Especial de Turismo.
Su trámite avanza en el plenario legislativo bajo un nuevo
dictamen de los actuales miembros de dicha comisión, rebautizado como "Ley
de concesión y operación de marinas y atracaderos turísticos".
José Merino, diputado del Frente Amplio, criticó el mismo nombre
de la iniciativa que data de hace tres años y que en el nuevo texto señala que
"no hay ningún problema en darles a las municipalidades, ¡tan honestas que
son!, la posibilidad de dar la concesión y después viene el estudio de impacto
ambiental. Todo esto antes de que el proyecto pueda operar, pero cuando ya se
han hecho inversiones fuertes".
Al cierre de edición, el proyecto de ley está en vísperas de ser
aprobado en primer debate. Cabe recordar que en el país se tramitan 22
proyectos para construcción de marinas y estudios científicos señalan que cada
marina puede afectar diez kilómetros de litoral.
CRÍTICAS
El oceanógrafo Guillermo Quirós elaboró un ensayo titulado Nueva
ley de marinas: Una agresión al ambiente costero, en el que hace un análisis de
la iniciativa.
En ese texto, Quirós señala que Costa Rica se ha convertido en
"el lugar ideal" para la construcción de marinas en el contexto de la
apertura de seguros exigida por el Tratado de Libre Comercio entre
Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (TLC), lo cual favorece a
las empresas aseguradoras norteamericanas que quieran vender seguros en Costa
Rica para los yates.
Otras razones que inciden en el atractivo del país para dichos
proyectos, son su posición estratégica en la región, la "débil legislación
ambiental en áreas costeras" y sus 1.400 kilómetros
de línea de litoral "pletórica de bahías y bellas ensenadas", de
acuerdo con Quirós.
El especialista se mostró muy crítico ante el proyecto de ley,
pues consideró que establece "un
nuevo parámetro ambiental que disminuye el ya miope de la legislación actual:
La Viabilidad Ambiental Potencial (VAP), otorgada por la Secretaría Técnica
Nacional del Ambiente (SETENA), gestionada a través de una Evaluación Ambiental
Inicial (EAI), mediante el procedimiento vigente". Juzgó que ello es
"una burla a la población costarricense".
Aseguró que ello constituye un debilitamiento de "controles y
normas ambientales básicas", lo cual calificó como una "agresión al
ambiente". También cuestionó que el proyecto de ley implica cambiar la
vocación de turismo conservacionista a otro selectivo y de alto impacto
ambiental.
Heidi Murillo, presidenta de la Federación Costarricense para la
Conservación del Ambiente (FECON) calificó como "muy grave" que con
este plan se busque la flexibilización de normas ambientales, "al punto de
que la concesión se otorga sin estudio de impacto ambiental".
La activista opinó que en el texto "no existe la más mínima
preocupación por los recursos naturales, sino por facilitar la explotación de
una actividad que ya se ha visto no genera encadenamiento productivo".
Indicó que el área marítima no está en condiciones de soportar
estos proyectos ni el trasiego de embarcaciones y que la flexibilización de
normas va en detrimento de los ecosistemas marinos y de las comunidades, y a
favor de los desarrolladores.
Al puntualizar sus críticas, el diputado Merino consideró que la
determinación de que la viabilidad ambiental de los proyectos se estudie luego
de otorgada la concesión, "violenta jurisprudencia reiterada de la Sala
IV, que ha dicho que en el tema ambiental el principio precautorio está por
encima de cualquier otro derecho". De esta forma, consideró al estudio
previo de impacto ambiental como la única garantía de que se pueda respetar el
espíritu del artículo 50 de la Constitución Política.
Dicho artículo establece el derecho a un ambiente sano y
ecológicamente equilibrado.
De manera particular, el legislador cuestionó la ampliación en el
periodo por el que se darían las concesiones. Explicó que en la actualidad, la
concesión de marinas es por un plazo de 20 años, con un máximo de dos prórrogas
de cinco años. El proyecto establece la concesión inicial en 35 años, con
prórrogas indefinidas de diez años cada una.
"Eso quiere decir que van a dar concesiones de por vida, pues
si después el Estado quiere recuperar lo suyo, entraría en el terreno de
fuertes indemnizaciones", manifestó.
Merino también llamó la atención sobre los temas que quiso incluir
en la redacción de la eventual ley, como condicionamientos más fuertes a las
municipalidades, consultas populares a las comunidades y la garantía de que
actividades pesqueras o de turismo preexistentes no se vean afectadas.
El legislador además se preocupó por las consecuencias que estas
concesiones podrían tener en el contexto del TLC. "El problema es que una
concesión es un derecho otorgado a un inversionista, a partir del cual empieza
a hacer gastos y si eventualmente no reciben la autorización ambiental para que
opere la marina, podrán exigir indemnizaciones que se resolverían en tribunales
en el exterior".
Al respecto, el diputado libertario Luis Barrantes, quien forma
parte de la Comisión Especial de Turismo, dijo no ver vinculación entre ambos
temas: "Ésta es una ley específica de atracaderos en la que simplemente se
da oportunidad de hacer más expeditos los trámites".
El libertario defendió el proyecto y señaló que "no nos vamos
a brincar ningún requisito legal, ocurrre que la ley actual ha demostrado que
no es operativa, está tramada de tal suerte que no hay forma de regular las
concesiones a marinas y atracaderos".
En su criterio, el objetivo es "que el ordenamiento legal no
sea un entrabamiento" y añadió que las marinas y atracaderos turísticos
pueden significar un impulso en la generación de empleo y en dinamizar economías
locales, "pero no veo que cada cien metros se pueda hacer una marina,
porque no se dan las condiciones".
Barrantes explicó que en el seno de la comisión se buscó la
"flexibilidad", tomando en cuenta los criterios técnicos ambientales
de la SETENA, de la Comisión Interinstitucional de Marinas y Atracaderos
Turísticos (CIMAT) y del Ministro de Turismo.
Al mismo tiempo manifestó que la marina de Los Sueños, que
funciona actualmente, así como las que están "a medio camino",
"igual van a tener que cumplir con estudio de impacto ambiental, pues
la Comisión (CIMAT) y las
municipalidades tienen que girar los permisos respectivos".
Informó además que la comisión hizo una gira a la marina de Los
Sueños, donde "da gusto el tratamiento que le dan a las aguas residuales y
jabonosas, son inversiones serias".
Sobre la extensión del periodo de las concesiones, informó que fue
un tema muy discutido en la comisión y que el criterio prevaleciente es que se
trata de inversiones muy grandes cuya recuperación no se da en un periodo muy
corto.
PAC TIBIO
El libertario informó que el Partido Acción Ciudadana (PAC) fue
"muy cercano a nuestra posición" y que colaboró para que las marinas
puedan concesionar con los permisos y estudios respectivos.
Precisamente el PAC ha tenido una posición algo ambigua al
respecto, pues su fracción se ha partido en dos ante este proyecto.
El jefe de esa fracción, Francisco Molina, explicó que algunos de
sus compañeros consideran que esta reforma implicará "mayor control sobre
atracaderos y marinas actuales que ya están funcionando". Mientras que el
sector que se opone "está en contra del desarrollo de marinas y siente que
apoyar un proyecto como este es dar una señal política, pero con la ley actual
se pueden seguir instalando las marinas".
Cuestionado sobre la extensión de los periodos de concesión, así
como el hecho de que la realización del estudio de impacto ambiental pasa a
hacerse luego de tal otorgamiento, Molina explicó que "mucha gente"
prefiere no participar en la construcción de marinas "por el costo del
estudio de impacto".
El diputado, quien apoya el proyecto, consideró que "es mejor
adjudicar en la primera etapa y luego pedir el estudio de impacto, los que
creemos que esto no es malo es porque queremos que sean muchos los oferentes".
Esa posición contrasta con la puntualización final del diputado
Merino, para quien el proyecto "es un retroceso a lo que hoy tenemos, es
un ablandamiento del problema fundamental que no son las exigencias de
carácter económico y técnico, sino el
problema ambiental".
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