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Decretos del Gobierno y bosques que desaparecen
lunes, 23 de febrero de 2009

php7ixikvam.jpgNicolás Boeglin y otros* Recientes Decretos Ejecutivos del actual Gobierno (Minería en Crucitas, Embalse La Cueva y Proyecto Punta Cacique) tienen un solo argumento común: en nombre de la conveniencia nacional y del interés público se eliminan las extensiones de bosque, utilizando el único portillo legal que ofrece la Ley Forestal para realizar cambio de uso del suelo, es decir, la eliminación del bosque. Sin duda alguna se procede a proteger intereses de empresas privadas (Industrias Infinito y Proyecto Punta Cacique) en nombre de la generación de empleo.

 

Este ardid convierte en letra muerta la prohibición de deforestar de nuestra Ley Forestal, la cual había permitido proteger bosques nativos fuera de las áreas silvestres protegidas. Con estos Decretos ahora peligra la integridad de nuestros ya fragmentados bosques nacionales. Por el momento están amenazadas 190 hectáreas de bosque húmedo en Crucitas, 380 hectáreas de bosque seco en el Embalse La Cueva y un porcentaje de las 263 hectáreas en Punta Cacique (ambos en Guanacaste).

 

Trueque que no funciona. En el caso Crucitas, gobierno y empresa, en una extraña sensación de unísono, mencionan otra razón: la reforestación posterior de las áreas intervenidas y el compromiso de la empresa de proteger un área mayor de bosque a la talada, además del cultivo de árboles nativos en plantaciones artificiales, entre ellos varios miles de almendro amarillo. Respuesta simple y efectiva, pero ... ¿cuál es el problema?

 

El conocimiento científico y el sentido común indican que semejante trueque no funciona. Nunca será igual reponer que conservar, en especial tratándose de un sitio donde una de las especies a talar tiene un crecimiento tan lento como el almendro amarillo, el cual se mide en decenas o centenas de años. Supera en mucho la escala de los tiempos empresariales y de los ciclos económicos. Por ejemplo, según algunas investigaciones, un árbol de almendro amarillo (Dipteryx panamensis) en promedio, dependiendo del sitio, puede crecer entre 1.4 y 2.2 centímetros de diámetro por año, pero en pocos años el árbol reduce su crecimiento drásticamente, igual que lo hacen muchas especies de árboles, en especial las que producen maderas duras. Es de esperar entonces que un árbol de almendro como uno de los cortados por la empresa Crucitas durante la breve aplicación del decreto, con cerca de 80 centímetros de diámetro, necesitó más de un siglo de crecimiento.

 

Otras especies, como el manú (Minquartia guianensis) y el jícaro (Lecythis ampla), también dentro del área afectada por el proyecto Crucitas, requieren de tiempos de crecimiento más largos. Los datos anteriores se refieren a árboles creciendo en un bosque, donde se espera que tengan mucha competencia. Sin duda, estos intervalos de tiempo superan en mucho los compromisos que la empresa ha establecido en su estudio de impacto ambiental. ¿Quién vigilará entonces las fincas abandonadas o vendidas por la empresa dentro de 20, 50 o 100 años?

Otro problema referente a la reposición del daño ambiental es la falta generalizada de información y experiencia sobre la reproducción de muchas especies de árboles, que forman parte de los bosques a destruir. La reposición del almendro amarillo como árbol emblemático ignora la de muchas otras especies de árboles que se encuentran en grave peligro de extinción, o que se presentan en la zona con poblaciones muy reducidas. Hablamos de árboles enormes como chiricano triste, chiricano alegre, ciprecillo, jícaro, pejiballito, cuero de sapo, pocora, zapotes, aguatillos, repollitos y otros que básicamente nunca se han reproducido en vivero, y la información sobre su reproducción, crecimiento y sobrevivencia es mínima. Todos éstos forman parte vital de la diversidad de la zona norte y también están en estrecha relación con las poblaciones de lapa verde y la fauna de la zona.

 

Implicaciones de un “enjambre minero”. Pero tal vez lo que más preocupa del desarrollo minero tipo Crucitas es que a mediano plazo no son 190 hectáreas de destrucción, sino que, como ya se anuncia, el oro cunde por la zona. La misma compañía anuncia ya a sus inversionistas que tienen identificados nuevos sitios de explotación en la zona (Conchudita a orillas del río San Carlos con medio millón de onzas de oro (ver www.infinitogold.com/s/crucitas.asp) y que tienen concesiones de exploración en 800 km2). Posiblemente ello desemboque en lo que se denomina un “emjambre minero”, que se ha repetido en varios países a lo largo del mundo.

 

Esta injusticia contra nuestra naturaleza y nuestra biodiversidad no toma en cuenta las implicaciones sobre el ecosistema del río San Juan, lo cual expone peligrosamente a Costa Rica a una demanda internacional de nuestro vecino del Norte. ¿Será éste realmente un modelo de desarrollo sostenible para Costa Rica?

 

*Nicolás Boeglin, abogado; Jorge Lobo, biólogo UCR; Quírico Jiménez, ingeniero, ex diputado; Javier Baltodano, biólogo.

 
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