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El movimiento ecologista y popular después del TLC
lunes, 07 de octubre de 2013

saqueo.jpgPor Mauricio Álvarez M, Presidente de FECON y Profesor UCR

Después de esta gran y heroica batalla, no nos hemos quedado de brazos cruzados viendo como regalan y venden el país, a pedazos. El TLC permitió el nacimiento del llamado Bloque Verde que es la suma de voluntades, de organizaciones y de  comunidades activas, contra cualquier amenaza ambiental.

Cuando se pregunta qué es Bloque Verde, lo definimos como un sentimiento a lucha por la justicia social y un mundo más sano.  Es una expresión más lúdica-activista de un movimiento ambiental diverso y muy amplio.

En este sentido, la lucha contra el TLC fue una síntesis de muchas otras luchas, historias de gran  relevancia social y con diversos logros políticos, como son: la defensa del Golfo Dulce contra la transnacional Stone Forestal, muchos años de lucha contra minería en todo el país, contra la expansión bananera incontrolada, o la lucha por liberarnos de la explotación petrolera y las luchas comunitarias contra las represas mediante plebiscitos en Sarapiquí (2000), Guácimo (2001) y Turrialba(2005).

Es una síntesis, porque permitió articular una estrategia de movilización ciudadana con muchos otros sectores y en distintos niveles. La lucha contra el TLC nos enseñó que la amplia participación de diferentes sectores, a lo largo de estas luchas, validó nuevas formas de abordar la defensa ambiental desde muchas perspectivas y muchas sensibilidades.

En aquel momento, partimos de que la inversión extranjera en el país había aumentado la contaminación y el agotamiento de los recursos. Mediante esas luchas anteriores, vimos las consecuencias sociales y ambientales de los megaproyectos forestales, mineros, turísticos megaproyectos, agroindustriales (piñería) y de otros enclaves extranjeros en el país.

También apuntamos a que el TLC contribuía a limitar y condicionar las posibilidades para que la ciudadanía decida y ejecute otras direcciones de desarrollo. Los arbitrajes internacionales, como el interpuesto por Industrias Infinito o que el posiblemente interpondrá OAS por la carretera a San Ramón, dejan en manos del COMEX  la defensa de la soberanía.

Después de 6 años de TLC podemos afirmar que  sin duda las principales beneficiarias han sido las transnacionales, así como los sectores internos que hoy abusan del poder –económico, político y mediático- en Costa Rica.

Como prueba que nuestros supuesto se cumplieron -en estos 6 años –, han aumentado la cantidad y la profundidad de los conflictos ambientales y la luchas populares ecologistas contra estas políticas y megaproyectos.

En Sardinal de Guanacaste (2007), las comunidades articuladas con muchos otros sectores pusieron una alto a los intentos de privatización y saqueo de su recurso hídrico. Lo mismo en Talamanca, donde las comunidades frenaron el intento de una Marina en Puerto Viejo (2008) y en los territorios indígenas, se dio una importante lucha contra la minería en los Cerros Sagrados.  También, una fuerte lucha contra la expansión piñera en el Caribe se ha logrado consolidar mediante la movilización e incidencia  de las políticas locales (moratorias) contra la expansión del cultivo.

En estos años, culminó -después de 20 años- la lucha contra la minería, la estrategia del miedo fracasó y el Tribunal Contencioso no se dejó influenciar y terminó fallando en contra de Industrias Infinito. Después de 18 años de proceso atropellado, en el camino se dejaron tantos cabos sueltos que era impensable que el fallo fuera diferente. Otra importante lucha se dio contra las posibles exploraciones petroleras de Petrochina, el intento de extracción de gas y la construcción de una mega-refinería.

 

También, una ejemplar lucha ha sido la del último año, contra los cultivos transgénicos que ha movilizado todas las bases comunitarias y sociales, expresadas en 63 declaratorias de municipios libres de transgénicos, marchas constantes y una importante reivindicación de la soberanía alimentaria del país.

 

Finalmente, en estos años se ha pasado de la resistencia a la propuesta, mediante dos leyes por iniciativa popular -mediante la recolección de miles de firmas -una que venga a defenderse de la privatización de las aguas (aún en discusión)  y  otra ley de vida silvestre (ya aprobada).


Si bien celebramos estas victorias para la lucha ecologista, la democracia seguirá enferma hasta que no saquemos a los políticos responsables de impulsar, por medio del miedo, proyectos que afectan al país. Poco habremos ganado como sociedad, si actos irresponsables y perjudiciales (Crucitas, la carretera a San Ramón, y tantos otros) quedan en la impunidad, pues los políticos seguirán actuando igual. Para ello, debemos replantearnos las bases del actual sistema económico-social:  ¡injusto y depredador!

 

 
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